Aunque sean tiempos difíciles, habrá que levantar la vista para mirar adelante

Cerramos 2014 y sentimos que 2015 sería posiblemente un año difícil. En sólo dos meses ya vemos que lo que era pronóstico se confirma como realidad.

Estamos ante un cóctel de temas calientes. Por un lado, un gobierno saliente que lucha por mantener vivo su espacio de poder, una oposición en pleno armado político, una inusitada escalada de casos judiciales que ponen a prueba la fortaleza de las instituciones y una ebullición mediática con movilización popular. Por otro lado, la economía está en recesión con alta inflación, hay puja distributiva, el dólar es poco competitivo. Cepo y restricciones a las importaciones, términos de intercambio no favorables, limitado acceso a financiamiento, conflicto pendiente con los holdouts. En definitiva, el año de crisis está con nosotros y habrá que transitarlo.

Este escenario general impacta de lleno en el clima actual de negocios y muchas compañías afrontan tiempos recesivos con disminución de ventas y costos crecientes. De esta manera, la crisis, combinada con la incertidumbre, desafía de lleno las agendas de crecimiento.

No es conveniente quedarse quieto ante una emergencia: hay que moverse rápido para mantener el control de la situación. Aun así, el riesgo es que el tsunami de la crisis se lleve puesta también la estrategia, y con ella el futuro de la empresa. Hace unos días, el ejecutivo principal de una pyme en desarrollo me dijo: “¿De qué estrategia me hablás? Estamos con la cabeza puesta sólo en que nos cierren los números. Para nosotros todo es corto plazo”.

Para muchos directivos, la crisis se convierte en la excusa perfecta para zambullirse de cabeza en el lavarropas y embriagarse con la adrenalina de lidiar con la emergencia. Sin querer superponen así sus funciones a las de los gerentes, y todo el mundo termina corriendo detrás de lo urgente.

¿Y la estrategia? Bien, gracias. En una reunión en Toyota durante la crisis de 2002 fui testigo de un ejemplo opuesto. Le pregunté a Tomio Katsuta, en ese entonces titular de la firma en la Argentina, por qué seguían adelante con la decisión de hacer una inversión millonaria en su planta industrial de Zárate.

Otra propuesta

Respondió sonriendo: “Negocio; auto; largo plazo”. La lección fue clara y simple. El éxito está siempre en el largo plazo, los problemas forman parte del camino. Para que el presente no destruya el futuro, las empresas exitosas se aferran a sus sistemas de gestión y dividen los temas en distintos ámbitos de tratamiento.

Para afrontar la emergencia existen las reuniones de revisión operativas. Con frecuencia diaria, semanal o mensual, los gerentes, jefes y empleados clave revisan y definen acciones para resolver los temas operativos (problemas de ventas, cobranza, producción, stock, entregas, compras, recursos, etcétera).

Reuniones y seguimiento

El acompañamiento de algún directivo líder aportará confianza para capear la tormenta. Una vez al mes, el equipo de alta dirección podrá reunirse para hacer seguimiento del desempeño financiero general. Para asegurar el futuro son convenientes las reuniones de revisión estratégica. De manera separada del análisis operativo, el CEO y su equipo de dirección hacen un seguimiento de los proyectos de transformación de la empresa (desarrollo de productos, creación de marcas y modelos de llegada al mercado, alianzas con clientes o proveedores, cambios organizacionales, etcétera). Estos temas dan resultados medibles en períodos superiores al mes o al trimestre, por lo tanto esa debe ser la frecuencia de las reuniones. Sin este seguimiento se corre el riesgo de quedar sin brújula y a la deriva. La estrategia no es estática, una vez al año o ante eventos que demuestren su ineficacia requiere de una revisión profunda de cara a los cambios de escenario y amenazas o movimientos de la competencia.

Es clave que durante los momentos difíciles, la dirección esté atenta al corto plazo, pero nunca a costa de su responsabilidad principal en el comando del rumbo estratégico.

Vale en este caso la frase que lo urgente no le quite el tiempo a lo importante.

Fuente: La Nación
Autor: Marcelo Loustaunau