¿Apretarse el cinturón o adelgazar?

Dos enfoques muy distintos para la reducción de costos.

Con la polémica suba de tarifas y la cruzada presidencial para hacer un buen uso de la energía, quedó inaugurada oficialmente la carrera por la reducción de costos.

Deben ser muy pocos los que viven en Argentina sin mirar lo que gastan. Los invito a que observen el comportamiento de la gente en los supermercados para comprobar que la comparación de precios y la búsqueda de descuentos y promociones ya es casi deporte nacional.

Los empresarios saben que en este escenario de recesión la suba de precios trae aparejada la caída de ventas y que la única manera de sostener la rentabilidad de sus negocios es poner su ingenio en juego para bajar los costos.
Ante esta urgencia, son muy comunes las reuniones de Comité Ejecutivo en donde el CEO da la orden de un recorte presupuestario general y pide un listado de medidas concretas para bajar el gasto de cada gerencia. Si bien la estrategia de cortar el chorro es muchas veces necesaria, todos sabemos que su efecto es poco duradero. Me hace acordar a quienes logran perder kilos a base de diuréticos y al cabo de un tiempo no sólo los recuperan, sino que incluso los sobrepasan.

Miles de empresas sufren este efecto rebote. Lograr ahorros conteniendo el gasto termina siendo una práctica que destruye valor y afecta la moral de la empresa, en definitiva desgasta a la organización y a sus líderes.

No quiero decir que apretarse el cinturón no sea una estrategia válida ante la emergencia. Lo que digo es que hay que ser conscientes de que este no es el camino para lograr ahorros que se sostengan en el tiempo. Para eso hay que trabajar en equipo recorriendo tres etapas básicas que apuntan al cambio de hábitos:

– Comprender las causas de origen y la magnitud de los costos, y su vínculo con la satisfacción de clientes y la capacidad competitiva. Identificar luego las oportunidades de reducción de costos y priorizarlas según su impacto, riesgo y dificultad de implementación.

– Implementar los ahorros de corto plazo tratando de afectar lo menos posible la dinámica del negocio y de la organización, actuar sobre la grasa y no sobre el músculo. Al mismo tiempo trabajar en los proyectos de cambios estructurales y de procesos que harán que mejore la productividad y el uso de recursos (menos trabajo, menos tiempo, menos recursos e insumos para igual o mayor producción).

– Sostener la nueva forma de hacer las cosas. Establecer una cultura de austeridad, superación y mejora continua, que genere reducciones de costos incrementales de forma natural.

Con la aplicación de este enfoque metodológico se conseguirá dar respuesta a la emergencia incorporando una cultura de progreso y superación permanente. Como dicen los que saben: haga dieta, pero cambie sus hábitos alimenticios y entrene todas las semanas.

Autor: Marcelo Loustaunau
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